LA LUZ DEL PRIMER Y CUARTO DÍA
mayo 14, 2010 Dejar un comentario
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8:12)
LA LUZ DEL PRIMER Y CUARTO DÍA
En el cuarto día, YHWH creó las lumbreras: la mayor, el sol; y otra menor, la luna (Gn 1:14-19).
Tal como la luna que no posee luz propia, sino que refleja la luz del sol; así también, la iglesia refleja la luz que recibe del Mesías. Sin el Señor Jesús, la iglesia no tendría ninguna luz. ¡Alabado sea el Señor porque tenemos a Cristo en la iglesia y así, podemos expresar Su luz!
El Eterno creó la luz en el primer día, pero esa luz no era suficiente, por eso hizo lumbreras capaces de dar una luz más fuerte y definida sobre la tierra. Haciendo una aplicación de esta figura, podemos decir que, cuando Adonai nos da una revelación inicial sobre alguna porción de la Biblia, existe aún la necesidad de que esa revelación llegue a ser nuestra práctica, a fin de que podamos fructificar.
Juan 8:12 registra las siguientes palabras del Señor Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Tomando este versículo como base, podemos hacer un paralelo entre la luz creada en el primer día y la luz del mundo, y entre la luz creada el cuarto día y la luz de la vida.
Las palabras del Señor nos enseñan que, si queremos tener la luz de la vida, primero necesitamos tener la luz del mundo. Igualmente, no podemos tener la luz del cuarto día sin haber pasado por la luz del primer día.
En el pasado, por medio de los hermanos que estuvieron delante de nosotros en la jornada espiritual, aprendimos muchas verdades bíblicas. Estas verdades vinieron principalmente de lo que estos hermanos aprendieron de los diversos maestros de la Biblia que los antecedieron. Puesto que se pusieron sobre “los hombros” de ellos, pudieron ver más. Agradecemos al Señor por todo lo que recibimos de ellos.
Sin embargo, las verdades que aprendimos con estos hermanos son como la luz del primer día; por tanto, es insuficiente para producir frutos, en el caso de que nos las practiquemos. Por eso alabamos al Señor por la revelación de estas verdades, pero aún debemos avanzar de la luz del mundo a la luz de la vida; avanzar de la luz del primer día a la luz del cuarto día; es decir, debemos recibir las verdades que nos fueron enseñadas a fin de practicarlas para producir frutos.
gracias a henry gaitan
extracto de watchman nee

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