EL TERCER DÍA Y LA BUENA TIERRA DE CANAÁN

“Porque YHWH tu Elohim te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes” (Dt 8:7)

EL TERCER DÍA Y LA BUENA TIERRA DE CANAÁN

La obra del Mesías, el Hijo de Dios, además de ser representada por el surgimiento de la porción seca en el tercer día de la creación, también nos remite a la buena tierra de Canaán. Deuteronomio 8:7-10 describe las riquezas de esa tierra, pues en ella hay arroyos, fuentes y manantiales. Estas tres formas de expresión de agua también representan al Eterno.

El Padre, que habita en luz inaccesible, es representado por los manantiales (1 Ti 6:16); Él es el origen de todo. Asimismo, del manantial brotan aguas que aparecen en la superficie a través de las fuentes, que representan al Señor Jesús, el Hijo (Ap 21:6). Esta agua que proviene de las fuentes, finalmente, recorre la tierra por medio de los arroyos, que prefiguran al Espíritu (Jn 7:38-39).

La tierra de Canaán también poseía varias especies de árboles frutales, y muchos cereales (v. 8), además del aceite y miel en abundancia. ¡Aquella tierra era infinitamente rica, así como nuestro Señor lo es! (Ef 3:8). Volviendo al relato de la creación, conforme a lo registrado en el primer capítulo de Génesis, observamos que gracias a la luz, a la expansión y a la porción seca, creados en los primeros tres días, la vida vegetal tenía condiciones de sobrevivir. Dios creó tres clases de vegetales: hierba verde, hierba que da semilla y árboles frutales (Gn 1:11-12). Él preparó todo eso para la vida que después crearía; pues los peces, las aves y todos los demás animales se alimentarían de las plantas creadas anteriormente.

Sin embargo, como ya dijimos, aquella vegetación no sería capaz de producir frutos y semillas si no estuviesen bajo la incidencia de la luz del sol. Entre las semillas de trigo, por ejemplo, hay diferentes especies, pero todas necesitan de cierta cantidad de luz solar antes de producir frutos maduros. Algunas necesitan cuarenta días, otras cincuenta, y otras incluso sesenta días.

También, hay variedades precoces, que maduran primero, otras que son de mediano ciclo y también las de un largo ciclo. Esto demuestra la sabiduría de Dios, porque si todas las especies maduraran al mismo tiempo, los cegadores no podrían hacer la cosecha.

Todo esto nos muestra, que necesitamos estar bajo la luz divina del cuarto día, a fin de que maduremos y fructifiquemos para Adonai.

gracias a henry gaitan

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Acerca de angel soto
Un nacido de nuevo, aspirante a siervo inútil...

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