DEL PRIMER AL TERCER DÍA

“Porque YHWH, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de YHWH en la faz de Jesucristo” (2 Co 4:6)

DEL PRIMER AL TERCER DÍA

Génesis 1:1 dice: “En el principio creó YHWH los cielos y la tierra”. La palabra crear en el original hebreo es bara. Este verbo indica una creación a partir de lo que no existe. En otras palabras, Adonai creó los cielos y la tierra a partir de la nada (He 11:3).

Como vimos la semana anterior, después de la creación original de Adonai, hubo una rebelión liderada por Satanás, razón por la cual Dios juzgó a todos los involucrados: Satanás, sus seguidores y toda la creación que había sido afectada por ellos. Fue entonces que la tierra llegó a ser sin forma y vacía (v. 2a)*.

En los versículos siguientes, el verbo traducido por hacer es asah, que significa crear a partir de lo que ya existe (v. 7, 11-12, 16, 25). Por eso todo el relato a partir de Gn 1:2 describe una obra de restauración. Lo que existía antes había sido dañado y El Eterno estaba recreando todas las cosas (Sal 33:9).

El primer día, “dijo Adonai: Sea la luz; y fue la luz” (Gn 1:3). Esta luz creada en el primer día no era como la luz fuerte y definida que viene del sol, sino difusa, no provenía de un punto definido. Esta luz difusa es capaz de sustentar la vida vegetal; sin embargo, una planta no puede dar frutos sin recibir una luz más directa e intensa.

Las personas que cultivan plantas que dan frutos en el interior de las casas o departamentos saben que, para que éstas fructifiquen, es necesario que permanezcan expuestas al sol. Bajo la luz del sol, no sólo se desarrollan mejor, sino que también logran producir frutos.

La luz del primer día, que vino para hacer separación entre la luz y las tinieblas, representa la obra de Dios Padre, que resplandeció en nuestros corazones el día en que creímos en el evangelio (v. 3; cfr. 1 Jn 1:5; 2 Co 4:6).

Después de crear la luz en el primer día, en el segundo día de la creación, Dios creó la expansión (Gn 1:6), por medio de la cual separó las aguas sobre la expansión –las nubes, que surgieron con la evaporación de las aguas de juicio– de las aguas de debajo de la expansión, es decir, las aguas de los mares. Las aguas de arriba no bajan porque hay aire –la expansión–, que las separa de las de abajo. Este aire creado en el segundo día ilustra el trabajo del Espíritu.

En el tercer día, surgió la porción seca, que representa la obra del Hijo (v. 9). El Señor Jesús fue muerto, pero Dios Lo resucitó al tercer día. Esto es mostrado en el hecho de que la porción seca –la tierra– surgió de las aguas en el tercer día de la creación. Para que las aguas se juntaran en un solo lugar, fue necesario que bajara el nivel de una parte de la tierra. Al ocurrir esto, el agua se desplazó hacia el abismo y se concentró allí, dando origen a los océanos. En consecuencia, la porción seca apareció.

En los tres primeros días de la creación, vemos la obra de Dios Padre, como la luz; el trabajar del Espíritu, como el soplo divino (Job 20:22); y la obra del Señor Jesús, que murió por nosotros y resucitó al tercer día (Mt 20:19; Lc 24:15, 21). ¡Aleluya!

* Según el original hebreo, Gn 1:2a es mejor traducido como “pero, la tierra llegó a ser sin forma y vacía”.

gracias a henry gaitan

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Acerca de angel soto
Un nacido de nuevo, aspirante a siervo inútil...

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