“Mi marido no me escucha”

Por Carmen Millán Pabón/El Nuevo Día

“No me escucha… Cuando hablamos, no me deja terminar el pensamiento y eso me molesta”, dice Ana María ante la mirada amorosa de su esposo Tito. “Estoy trabajando en eso, mami”, dice él. Entonces, ambos se miran como si no hubiera pasado nada. Saben que tan pronto ella levanta bandera, él reconecta la comunicación.

Ana María Rivera, casada con Gilberto (Tito) Martínez hace 31 años, no está sola. Su queja principal también encabeza la lista de las manías de los maridos que más disgustan a las esposas puertorriqueñas, según los resultados del sondeo que elnuevodia.com comenzó el viernes. De acuerdo con los usuarios, las quejas más comunes de las esposas van desde las diferencias en los estilos de comunicación hasta los hábitos de higiene de la pareja (ver tabla al lado).

Otra de Ana María es que Tito ronca.

“Yo usaba ‘earplugs’ y dormía tranquilita”, dice. Los tapones de oídos funcionaron hasta que Lola, su perra, se tragó uno.

Pero cuando hace el inventario de lo que le irrita de Tito, no pasan de tres. Los salva el sentido del humor.

La queja frecuente

La dificultad del esposo para escuchar es la queja más frecuente en las clínicas especializadas en atender conflictos de parejas de los sicólogos Ada Rosabal, del Centro de Crecimiento Gaviota; y José Pando, investigador y conferenciante en el tema de la sexualidad del Centro Urológico y de Salud Sexual en San Pablo; y en el Centro de Mejoramiento Personal, donde atienden parejas la médico con certificación en sexualidad, Carmen Valcárcel y su esposo, el siquiatra Douglas Romero.

“Esto de que ‘no me presta atención cuando le hablo’, no se trata que él repita lo que le dijiste como en un ‘play back’ de grabadora para confirmar si te escuchó. La mujer necesita ser escuchada con atención y calidez. Ser acogida con amor en lo que dice, no importa lo que sea”, asegura Rosabal.

Además de las diferencias que hay entre “oír” y “escuchar”, los hombres capturan la atención de lo que les dice una mujer durante las primeras 10 palabras, indicó Rosabal entre risas, y sin citar fuentes de estudios que lo determinen.

“El hombre recibe información -oye-, y procesa en ‘input’ para luego dar un ‘output’ de posibles cosas que se pueden hacer para solucionar los problemas”, insiste Rosabal. “La mujer no trabaja en ese ‘mode’; ella está en el ‘mode’ de la comprensión, de la atención, de las emociones. Al ser escuchada, necesita ser acogida”, y cuando empieza a hablar de lo que él catalogue de tonterías, él se apaga, manifestó Rosabal. De paso, confesó haber sido “víctima” de esa queja con su esposo.

En el caso de Ana María, el déficit de audición de su esposo no ha sido crónico y él alega que está modificando conducta. Sin embargo, muchas mujeres que llegan a la clínica alegan que, además de no escucharlas, no las validan, comentó Rosabal.

Valcárcel coincidió. “Si vas a hacer una lista de lo que a las mujeres no les gusta de los esposos, la primera es ‘mi esposo no me escucha’. Hay montones de otras cosas que varían, pero lo universal dentro de nuestra cultura occidental es ‘mi esposo no me escucha’”, sentenció la médico.

“Al final del día, a las mujeres les gusta hacer una recapitulación de su día, al hombre no. Ellos llegan a comer y ver televisión. No quieren sentarse a oír las letanías de las esposas”, dijo Valcárcel.

Añadió que muchos hombres se conectan a sus aparatos tecnológicos -computadoras, celulares, la televisión, incluso al carro- y desconectan la comunicación con su compañera.

En el caso de Ana María, sus rivales son: “una HP” -entiéndase, Hewlet Packard- y el iPhone.

Parte de la convivencia

Y es que toda relación de convivencia conlleva dificultades, según los entrevistados.

“Es una ilusión pensar que las relaciones de pareja se van a mantener siempre igual y que no se van a encontrar defectos. El momento inicial involucra los procesos de infatuación, de esa pasión que llamamos enamoramiento. Vemos lo que queremos ver, e ignoramos lo que no queremos ver. Al tiempo, comenzamos a ver lo que no nos gusta”, dice Pando.

Catalogó esas etapas como “algo normal” ya que no hay persona ideal. Al fin y al cabo, la clave está en adaptarse.

“Hay que entender que las personas evolucionamos… Las parejas no se hacen a la medida y hay que aprender a aceptar que somos diferentes”, indicó.

Añadió que hay diferencias tolerables y otras que sacan de quicio. Entonces, dijo, son necesarios “los ajustes”.

 

fuente: elnuevodia.com

Acerca de angel soto
Un nacido de nuevo, aspirante a siervo inútil...

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